A la semana siguiente, su hermano de 13 años llegó con una caja de pizza un poco extraña. Le pregunté qué era, pensando que era un experimento del colegio... nada que ver.
“Alejandro, es una bomba para mi película de youtube.” De qué hablamos cuando hablamos sobre esta nueva forma de comunicación, del poder de llegar a todo el mundo, el único límite siendo la capacidad de cada uno para capturar la atención, la imaginación de los demás.
Recuerdo mis videos en el colegio, grandes obras como El Pachino grabada en V8 en un cassette hongueado en el sótano de un amigo. Mis películas filmadas en cine en la universidad: La Bolsa de Tortees, Doble Moral... olvidadas en algún archivo universitario. Mientras mis sobrinos van a poder enseñarles sus videos a sus hijos, a los hijos de sus hijos, etc, siempre teniendo más visitas, llegando a más personas.
Y las personas que dan el grito al cielo sobre la privacidad, la privacidad está muriendo. Lo que está apareciendo es la memoria, las redes sociales, tu nombre en google. Yo que casi nunca tomo fotos ahora tengo 282 en Facebook y debo de haber subido menos de 30. Ese va ser nuestro legado, ahí van a entrar nuestros hijos para saber porqué les gusta tanto las fiestas.

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